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Ángel Stanich presenta «Por La Hierba» en la sala Impala 2 de Córdoba | 6 Febrero de 2026


Anoche, la Sala 2 Impala de Córdoba se transformó en un pequeño santuario de penumbra y palabras torcidas. Ángel Stanich llegó para presentar «Por La Hierba», su cuarto trabajo discográfico y, probablemente, el más introspectivo, desnudo y literario de toda su discografía. Y lo hizo como solo él sabe: sin aspavientos, sin artificio, dejando que las canciones respiren y se defiendan solas.

Desde el primer acorde quedó claro que no íbamos a asistir a un simple concierto de presentación, sino a una inmersión en el universo mental de un Stanich más taciturno, más poético, pero igual de imprevisible. Por La Hierba, es un disco que se escucha como se leen ciertos libros: en voz baja, con la sensación de que cada verso esconde algo más de lo que muestra. Ocho poemas de introspección y una canción… inesperada.

Ese espíritu se trasladó al escenario con una naturalidad casi inquietante. Stanich apareció recogido, concentrado, como si el ruido del mundo se hubiese quedado fuera de la sala. Las nuevas canciones : Os Traigo Amor, La Casa Negra, Super Gris, He Ido Mas Allá, Carretera o Trueno, Poquita Fe, Por La Hierba… fueron cayendo una a una como pequeñas piezas de un rompecabezas emocional. No hubo fuegos artificiales: hubo atmósfera. Hubo silencios. Hubo miradas al suelo y letras que parecían escritas de madrugada, con una copa a medio terminar y demasiadas cosas rondando la cabeza.

Especialmente magnética fue: Carretera o Trueno, ese film-noir de new-wave que en directo adquiere una tensión casi cinematográfica. La guitarra serpenteaba mientras Stanich cantaba como quien narra una huida imposible. Y luego llegó: «Poquita Fe», uno de los singles más brillantes del disco, que en la 2 de Impala sonó como un gran himno triste para descreídos: melancólico, elegante y con ese estribillo que se te queda clavado sin pedir permiso.

Entre las nuevas composiciones se colaron algunos clásicos de su repertorio: Un Día Épico, Le Tour ’95, Carbura!, Nazario…para acabar con su Matamé Camión, grandes y nuevas canciones que funcionaron como anclas para los más veteranos y como recordatorio de que, aunque Stanich cambie de piel, el fondo sigue siendo el mismo: un escritor de canciones con una imaginación fuera de norma y una manera única de mirar el mundo.

La Sala 2 Impala, íntima y cálida, fue el escenario perfecto para este Stanich crepuscular. No hubo grandes discursos ni poses de estrella. Solo un artista dejando que su cuarto disco se explique solo, canción a canción, verso a verso.

«Por La Hierba», es un álbum para escuchar de noche, con la luz baja y la cabeza llena de preguntas. Y en Córdoba quedó claro que también es un disco que, en directo, se convierte en algo todavía más poderoso: una confesión cantada, un viaje hacia dentro sin mapas ni atajos.

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