Blind Guardian cierra el Festival de la Guitarra con un viaje fantástico | 11 Julio 2025
⦿ Blind Guardian convierte la Axerquía en un reino de leyendas entre bardos y dragones.
El pasado 11 de julio, el Teatro de la Axerquía de Córdoba se transformó en un reino de leyendas, un lugar donde la música rompió las fronteras del tiempo y la realidad. Blind Guardian, los bardos del metal alemán, llegaron para cerrar la 44ª edición del Festival de la Guitarra de Córdoba con un concierto que fue mucho más que un espectáculo: fue una invocación colectiva, un viaje por mundos fantásticos donde la épica y la emoción se dieron la mano.


Desde los primeros acordes, la atmósfera quedó impregnada de magia. El público, entregado y expectante, llenó cada rincón del recinto con una energía que pronto se volvió parte esencial del ritual. Córdoba ardía en verano, pero dentro de la Axerquía el calor era distinto: el de una multitud unida en un mismo latido, el de cientos de voces preparadas para cantar junto a Hansi Kürsch cada verso como si de un juramento eterno se tratase.
El arranque no pudo ser más contundente: “Imaginations from the Other Side” abrió la noche con la fuerza de una tormenta. Desde ahí, Blind Guardian desplegó un repertorio que navegó entre sus himnos clásicos y las joyas más recientes de su discografía. Sonaron piezas que han marcado generaciones de metaleros como “Nightfall”, “Time Stands Still (At the Iron Hill)” y “Mirror Mirror”, cada una recibida con una ovación atronadora. La Axerquía vibró cuando los coros del público se fundieron con los de la banda, convirtiendo canciones en verdaderas ceremonias colectivas.



Hansi, carismático y cercano, dirigió a la audiencia como un maestro de ceremonias, alternando bromas y complicidad con ese tono narrativo que lo caracteriza. Entre tema y tema, recordó la importancia de tocar en un lugar tan especial como Córdoba, agradeciendo la entrega de un público que no se cansaba de corear, saltar y levantar los puños al aire. A su lado, André Olbrich y Marcus Siepen erigieron murallas de guitarras, con riffs que resonaban como martillos de dioses y solos que parecían filigranas de fuego.
Uno de los momentos más intensos llegó con “The Bard’s Song (In the Forest)”. Apenas bastaron los primeros acordes para que la multitud se adueñara de la canción, convirtiendo el teatro en un coro gigantesco. No había distancia entre escenario y graderío: banda y público eran uno solo, unidos por la emoción. Hansi, sonriente, se retiró unos instantes del micrófono para dejar que el canto de los presentes envolviera la noche. Fue un instante de comunión mágica, un recuerdo grabado a fuego en todos los que estuvieron allí.

Blind Guardian también dejó espacio para sus trabajos más recientes, demostrando que su poder creativo sigue intacto. Temas de su último álbum, como “Secrets of the American Gods” o “Deliver Us from Evil”, sonaron sólidos y contundentes, encajando perfectamente en una narrativa musical que siempre ha oscilado entre lo mítico y lo humano. Cada canción era un capítulo más de una epopeya que no conoce fronteras.
El público, entregado de principio a fin, acompañó cada acorde con gritos, palmas y cánticos. Se podía sentir que aquella no era una noche cualquiera: era el cierre de un festival histórico, una despedida que no sabía a final, sino a promesa de futuro. Los rostros iluminados, las gargantas desgarradas de tanto cantar, los brazos en alto ondeando al compás de la música… todo era testimonio de un fervor que solo una banda como Blind Guardian puede despertar.


El clímax llegó con “Valhalla”, himno inmortal que desató un coro atronador. El público no quiso dejar de cantar incluso después de que la banda hubiera marcado el final, obligando a Hansi a sonreír y reconocer que Córdoba había elevado el tema a otro nivel. Y como era de esperar, “Mirror Mirror” puso el broche de oro a la velada, con un estallido de júbilo que sacudió la Axerquía y dejó en el aire la sensación de haber vivido un capítulo inolvidable.
Así, Blind Guardian cerró no solo un concierto, sino también la 44ª edición del Festival de la Guitarra de Córdoba. Un cierre a la altura de un festival que ha sabido unir tradición y modernidad, que ha hecho del verano cordobés un santuario para la música en todas sus formas. Y aquella noche, el metal sinfónico y fantástico de los guardianes alemanes se convirtió en leyenda bajo las estrellas andaluzas.
Cuando las luces se apagaron y los ecos de las últimas notas aún flotaban en el aire, quedó claro que lo vivido no fue un simple concierto. Fue una narración hecha carne, un viaje épico que convirtió a cada asistente en parte de un relato inmortal. Porque Blind Guardian no solo toca canciones: cuenta historias.












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